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Descripción archivística
Archivo Simón Ruiz
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Libros de cuentas

La pragmática de 1549 dada en Cigales por Carlos I y Doña Juana, completada por la ley de 1552 obliga a los bancos, cambios públicos y mercaderes a tener y asentar las cuentas en letra castellana en libros de caja y manual por contabilidad en partida doble: debe y ha de haber. Declarando en qué moneda reciben y pagan, a qué personas y su vecindad, sin dejar hojas en blanco en lengua castellana, en hojas consecutivas y foliadas, declarando el dinero que reciben y pagan con anotación del nombre de los intervinientes, la operación realizada y el tipo de moneda empleada en la misma. De este modo, la contabilidad de Simón y Cosme Ruiz (que abarca un periodo entre 1551 y 1617) se registra en tres libros principales: el borrador, el libro diario o ‘manual’ y el libro mayor o ‘libro de caxa’; siguiendo el sistema contable de partida doble -de origen italiano- que permite llevar un seguimiento muy preciso de las operaciones, las ganancias y las pérdidas.

En el libro borrador, de formato estrecho y alargado como un doble folio doblado y cosido a la mitad en sentido vertical, se anotaban a vuelapluma, de forma rápida y apresurada, los datos básicos y necesarios de las operaciones realizadas para su posterior inscripción en el libro diario. A medida que las partidas se pasaban al Diario correspondiente se tachaban con una línea las operaciones transcritas o, en ocasiones, se realizaba un trazo ondulante en el margen izquierdo de la página correspondiente.

En el libro diario, también llamado “manual”, se transcriben las operaciones apuntadas en el libro borrador por orden cronológico. En el encabezamiento del folio aparece la fecha de la transacción y, a continuación, se describe su contenido. En el margen izquierdo de cada asiento aparece una anotación en forma de quebrado que hace referencia al número de los folios del libro mayor donde se trasladan las cuentas del libro diario: el numerador indica el folio de la cuenta de cargo y el denominador, el de la de abono. El texto del apunte contable comienza con el título de la cuenta deudora seguida de las palabras “debe por”. A continuación se expresa el montante de la operación en números arábigos detallando los pormenores de la misma para una correcta identificación. Finaliza la anotación indicando la fecha y la forma de pago. En el margen derecho del folio queda un amplio espacio reservado para registrar de nuevo el montante de la operación, en esta ocasión, en números romanos.

El libro mayor o “libro de caxa” lleva “la cuenta y razón del dinero de contado que entra y sale de la caja...”; de este modo, se puede conocer en todo momento los débitos o créditos mantenidos, así como el detalle de las operaciones efectuadas con cada persona. Es el libro definitivo donde cada cuenta se anota por secciones “encontradas” o contrapuestas: en la página izquierda el “debe” y en la derecha el “ha de haber”, indicándose el número de la contrapartida que se corresponde con el folio de la anotación del ‘mayor’.

Ambos libros (diario y mayor) son de un formato similar, en folio mayor, escritos con exquisita limpieza y buena letra, empleándose numerosas abreviaturas de tipo comercial y financiero. Se utiliza el sistema de numeración contable conocido como ‘cuenta castellana’, que consiste en la combinación de ‘cifras financieras’ o números romanos cursivos, con dos signos especiales que se colocan a continuación de las unidades de millón y de millar: el quento (qº) y el calderón (U), respectivamente.

A los tres tipos de libros mencionados se han de sumar otros tres. Dos de ellos de carácter auxiliar, de referencia, facilitadores incluso de la localización de la información. En primer lugar, los “abecedarios”, que permiten un acceso rápido a los asientos contables registrados en los libros mayores; se guardan entre la tapa y la primera página de los mismos y siguen una ordenación alfabética de las cuentas atendiendo a la primera letra del título de la misma: del nombre en lugar del primer apellido (en el caso de las cuentas personales) o de la palabra o clave (en el caso de las cuentas impersonales). Los otros libros auxiliares, estos con valor contable de primera mano, son los cuadernos de feria, que facilitan el pago por compensación o “reencuentro” de las letras que vencen en una misma feria.

Los libros mayores de feria, sin embargo, han de ser considerados como auténticos libros contables, no ya de referencia, en los que se registran las operaciones mercantiles tomándolas del libro manual, de las cinco ferias a las que acuden representantes de las compañías mercantiles de los Ruiz, a saber: la de cuaresma de Villalón, las de pascuilla y agosto de Medina de Rioseco y las de mayo y octubre de Medina del Campo.

A estos seis tipos de libros habría que añadir otros libros “particulares” que por su corto número no forman series propiamente dichas. Entre ellos están los “borradores de letras de cambio”, tanto de Simón como de Cosme Ruiz; los “cuadernos de reparto de los intereses de los asientos”, los “libros auxiliares del oro venido de Milán”, un “libro borrador de corretaje”, un “quaderno adonde se an resumido las letras que se an dejado de cobrar las pagas de junio deste año”, un “Cuaderno de memorias y cuentas de lo que gasto y otras cosas”…, incluso, un “Libro de venta de licencias que se venden en Lisboa del asiento de esclavos que se llevan para Indias de Castilla”.

La división Libros de cuentas, al menos existe con entidad archivística desde la ordenación de H. Lapeyre. Esta división engloba los documentos en formato libro de las diferentes compañías relacionadas en mayor o menor grado con Simón Ruiz. Estos registros contables abarcan desde 1551 hasta 1606, con amplias lagunas.

La bibliografía ha reseñado que esta división puede estructurarse en torno a tres cuestiones:

  • Negocios generales
  • Negocios de ferias
  • Negocios de la factoría de Sevilla, de la que solo se encuentra rastro en los balances, al llevarse esta documentación desde aquella ciudad.

Todas ellas, se entremezclan atendiendo a las operaciones determinadas de las compañías. Encontramos de esta forma, las compañías con mayor protagonismo de Simón Ruiz. Libros en los que Cosme participa de manera individual o como respuesta a finales de negocio a la muerte de Simón Ruiz al ser heredero del segundo mayorazgo. La compañía participada por Simón, Cosme y Lope de la Cámara Arciniega, si bien esta compañía tiene peculiaridades en la forma de llevar las cuentas, así como el matiz que aporta la cierta lejanía de Simón respecto al día a día de la compañía, entrando solo en determinadas decisiones.
Otros libros, en cambio, es una colección que agrupa libros de otros mercaderes de compañías de las que tenemos menos rastros documentales y una división indeterminada que, progresivamente se complete el estudio de aquellas unidades documentales se integrarán en el cuadro de clasificación.

Libros borradores

Libros con datos básicos de las operaciones con detalles para su transcripción posterior al libro diario.
Este libro, en ocasiones es justificante de ciertas operaciones de tipo bancario.

Libros manuales

El libro manual, o libro diario recoge el día a día de las cuentas realizadas. Lo registrado en él da fe pública, siendo documento probatorio en caso de litigio. De aquí se trasladan las anotaciones al libro mayor "general" o "viejo". Esta diferenciación radica en la existencia de diferentes libros que se encabalgan.

Dentro de esta división existen dos subseries:

  • Libros manuales del mayor general
  • Libros manuales del mayor de ferias

Letras de cambio

La letra de cambio es un instrumento comercial cuyos antecedentes se remontan a los siglos XII y XIII, cuando en las ciudades estado italianas se utilizaban como documentos que permitían realizar operaciones de compraventa de mercancías sin los peligros inherentes al transporte de dinero en efectivo. Conocemos su existencia por la correspondencia mercantil, los libros de contabilidad o por las copias conservadas insertas en algunos pleitos, pero muy raramente se localizan documentos originales antiguos.

En el siglo XVI la letra de cambio empieza a perder su carácter de medio de pago en las operaciones comerciales, para convertirse en un instrumento financiero, siendo las ferias el principal centro generador de las operaciones de crédito y compensación. En este punto ocupan un lugar de cabecera las Ferias Generales de Medina del Campo, en tanto que son las primeras de Europa donde se negocia con la letra moderna de forma habitual y donde se generaliza su uso, manteniéndose una estrecha coordinación con las ferias de Reyes, Pascua, Agosto y Todos los Santos de Lyon o Besançon, o la de Pascua de Amberes.

El pago por letras de cambio comporta dos pagos, en palabras de Raymond de Roover: “un adelanto de fondos en el lugar donde se emite la letra y un reembolso en el lugar donde es pagadera”, lo que obliga en términos generales a la intervención de cuatro personas (a veces no es necesaria la intervención de las cuatro), dos en el lugar de emisión: el “tomador” que es el que “toma a cambio”, es decir, entrega el dinero al “dador” que es quien expide o libra la letra de cambio a la plaza de destino con destino al “librado”, que es quien se encarga de hacerla efectiva al “beneficiario”.

Una idea de la importancia que llegaron a alcanzar las operaciones de crédito realizadas con letras de cambio lo constituye el Archivo Simón Ruiz, en el que conservan alrededor de 23.000 originales circuladas entre los años 1553 y 1606, en las que se reflejan miles de operaciones con cuarenta y cinco financieras europeas entre las que cabe destacar por su cuantía -además de Medina del Campo-, Amberes, Lyon, Lisboa, Piaçenza, Florencia, Roma, Rouen… Los años de mayor número de letras de cambio son los comprendidos entre 1583 y 1600.

Letras de cambio

Listini

Los «Listini» son pequeñas tiras de papel, generalmente preimpresas para rellenarse a mano, que muestran las principales cotizaciones de las monedas en las principales plazas financieras europeas de la segunda mitad del s. XVI. Es una de las mejores colecciones de cotizaciones de precios conservadas en los archivos europeos.

Ruiz, Simón (1525-1597)

Archivo Simón Ruiz

  • ES .47085. ASR
  • Fondo
  • 1440 - 2020

El archivo del mercader banquero Simón Ruiz Envito (Belorado, 1525 – Medina del Campo, 1597) constituye, sin duda, un conjunto documental único en su género en España, en tanto que no se conserva ningún otro de un importante hombre de negocios del siglo XVI. Por su riqueza y contenido ha sido comparado con el del italiano Francesco di Marco Datini, conservado en Prato, con documentación de la segunda mitad del siglo XIV y primeras décadas del XV, y con el de los Fugger, los grandes banqueros de Augsburgo.

Simón Ruiz se establece en Medina del Campo hacia 1550 como mercader de paños, comercia al por mayor con géneros de importación procedentes de Nantes y de toda la Bretaña francesa, logrando una considerable fortuna que le permite iniciar una segunda etapa profesional en la que, sin olvidar el comercio de mercancías, participa también en grandes negocios financieros, con intereses en toda Europa y América, llegando incluso a realizar préstamos a la Corona. Desde 1591 se dedica casi exclusivamente a la construcción de un gran hospital, su postrera obra de mecenazgo. Con rango de Hospital General, se edifica entre 1592 y 1619 según el proyecto del jesuita fray Juan de Tolosa y en su traza queda patente la influencia de los modelos clasicistas de la tratadística italiana, la vinculación a los arquetipos arquitectónicos de la Contrarreforma (sobre todo los del llamado “estilo jesuítico”) y la presencia cercana y poderosa de El Escorial.

Los documentos personales y de la casa de comercio de Simón Ruiz se conservaron en el mencionado Hospital General y se vieron muy acrecentados con el traslado ordenado por fray Cosme Ruiz del archivo de su padre Cosme -sobrino y primer sucesor del fundador-, cuyos negocios le habían llevado a establecerse en Madrid. Así las cosas, y gracias a la confluencia de contar con un inmenso edificio donde guardar los papeles sin problemas de espacio, y a la existencia de una institución permanente que lo atendiera, entre 1632 y 1947 la totalidad de esta masa documental se conservó sin problemas en el hospital. En este último año, a instancias del entonces Ministerio de Educación Nacional, las cajas y legajos fueron trasladados al Archivo Histórico Provincial y Universitario de Valladolid, donde fueron inventariados a lo largo de las siguientes décadas hasta nuestros días, en una magnífica labor de registro e identificación por parte de reconocidos archiveros.

El 27 de septiembre de 2013, el Patronato de la Fundación Simón Ruiz acordó depositar en la sede de la Fundación Museo de las Ferias el patrimonio histórico artístico y documental de su propiedad aún disperso, para así reunir en Medina del Campo todo el legado del fundador en un solo espacio que contara con todas las garantías de custodia y gestión especializada. Entre 2015 y 2018 los fondos del archivo han sido digitalizados en su totalidad gracias a un convenio suscrito con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y trasladados a la Fundación Museo de las Ferias donde -junto con el resto del legado patrimonial de Simón Ruiz-, están a disposición de los investigadores e interesados en la historia del comercio en general; esta gestión está regulada según lo establecido en el convenio suscrito entre ambas Fundaciones con sede en Medina del Campo, de fecha 12 de junio de 2015.

Earl J. Hamilton, en su libro American Treasure and the Price Revolution in Spain (1934), fue el primero en llamar la atención sobre este importante legado, posteriormente estudiado por otros grandes historiadores de la economía como Henri Lapeyre, Ramón Carande, José Gentil da Silva, Valentín Vázquez de Prada, Felipe Ruiz Martín, Manuel Basas Fernández o Bartolomé Bennassar. Todos ellos y otros muchos en época más reciente, lo han estudiado de forma general o monográfica aportando brillantes conclusiones para la historia del comercio y las finanzas europeas.

Las cifras hablan por sí mismas respecto a la cantidad y calidad de este conjunto documental que, sin duda, da a entender muchas de las claves del comercio, la banca y los cambios de su época. A modo de aproximación, y en lo referente a documentación de carácter comercial y financiero, ofrecemos los siguientes datos extraídos de su inventario, actualmente en proceso de continua revisión:

-184 libros de cuentas (1551-1617) entre los que cabe destacar los libros mayores generales o de ferias, con sus correspondientes abecedarios; los libros diarios (o “manuales”) de ambos géneros, los cuadernos de ferias, los borradores…, salvo excepciones, guarnecidos con encuadernaciones de cartera en pergamino.

-La correspondencia con ciudades españolas, francesas, portuguesas, italianas, flamencas…, incluso del nuevo continente, que comprende tanto las cartas recibidas (la inmensa mayoría), como copias de las expedidas, se acerca a los 58.000 ejemplares circulados entre los años 1554 y 1624; de ellas, 23.366 contienen marcas postales prefilatélicas. Por su volumen (en cifras aproximadas), destaca el correo con las ciudades españolas de: Valladolid (15.000), Madrid (10.000), Burgos (4.000), Sevilla y América (3.400), Bilbao (3.200), Toledo (2.000), Salamanca (1.000), etc. y europeas de: Lisboa (6.000), Amberes (4.000), Lyon (3.000), Florencia (1.300), Roma y Nantes (1.200), Elvas (1.000), Génova (650), Rouen (600), París y Oporto (500), Piaçenza (450), Colonia, Milán, Venecia y Malta (100), etc.

-El número de letras de cambio conservadas es asimismo excepcional: alrededor de 23.000 letras originales giradas entre los años 1553 y 1606, emitidas desde 45 plazas financieras europeas; de ellas, cabe destacar por su cuantía (junto con las de Medina del Campo) las de Amberes, Lyon, Lisboa, Piaçenza, Florencia, Roma y Rouen.

-Se conservan, además, en torno a 20.000 documentos de carácter mercantil: cartas de pago, de poder, obligaciones, pólizas de seguros marítimos, “conocimientos” de embarque, billetes de aduanas, testimonios de naufragios; balances, pagarés, facturas, resguardos, recibos, “listini” de cotizaciones de moneda, etc.

En cuanto a la documentación personal de Simón Ruiz y del hospital por él fundado, se conservan más de 200 cajas de información y una veintena de pergaminos, en los que se recogen los entresijos de la institución asistencial desde su creación hasta nuestros días: libros de acuerdos de la Junta de Patronos, inventarios de bienes, censos y otras propiedades del hospital en sus diferentes épocas; libros de entradas y salidas de enfermos, de las cuentas del hospital y del mayorazgo fundado por nuestro personaje, escrituras de donaciones y cesiones…, y un sinfín de cuadernos y papeles sobre asuntos del más variado repertorio. De carácter más personal, se conservan con ellos los testamentos de los miembros de la familia fundadora y sus descendientes, cartas autógrafas, cuentas de asuntos domésticos, inventarios de sus pertenencias…, y hasta el árbol genealógico del linaje.

Formando parte de este conjunto documental se conserva también el archivo procedente del hospital del obispo fray Lope de Barrientos, agregado al Hospital General en el último tercio del siglo XIX, con importantes documentos comprendidos entre 1454 y 1862, años de fundación y desaparición oficial respectivamente; entre ellos cabe destacar bulas pontificias, memorias, inventarios de bienes, libros de asiento, de cuentas, de compras y ventas, de donaciones, etc.

Por último, en fechas recientes, se ha incorporado al archivo la documentación generada en el Hospital de Simón Ruiz con posterioridad al año 1938 (la no trasladada a Valladolid en 1947), que llega hasta a la década de 1970. La documentación de los últimos cuarenta años y la actual de la Fundación Simón Ruiz se conservan en la sede de la propia Institución.

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